Imagine que juntamos a un grupo de 30 estudiantes de secundaria y les enseñamos dos comidas: por un lado una hamburguesa con papas fritas y del otro, un picadillo de papa con chicasquil. ¿Cuál de estas comidas les será más conocida? ¿Cuál comerán más en sus casas? La respuesta puede ser evidente, pero es además preocupante. ¿Por cierto, sabe usted qué es el chicasquil?

El 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación que para este año lleva el lema “Cultivar, nutrir, preservar. ¡Juntos!”. El desconocimiento casi absoluto de ciertos alimentos es solo un ejemplo de los cambios drásticos de nuestra forma de comer y de cómo nuestro acervo alimentario se ha reducido. El chicasquil es solo un alimento entre decenas que han desvanecido de las cocinas costarricenses.

Nuestro modo de vida, aglomerados en grandes ciudades, lleva a millones de personas a desligarse del acto de producir sus alimentos. Hoy en día, sembrar tan siquiera una lechuga es una acción desconocida para una gran mayoría. Algunos niños piensan que la leche proviene “del supermercado” y no de las vacas. Por eso, volver a conectarnos, desde nuestras casas y comunidades con el acto de cultivar y producir, es la base para un cambio en la alimentación, que devuelva la esperanza en que no serán las hamburguesas con papas lo único que conocerán las futuras generaciones.

En medio de la pandemia, la carencia de alimentos en Latinoamérica amenaza con azotar fuertemente la vida de cientos de millones de personas, llevándolos a desnutrición y hambre. En un mundo de que da lo suficiente para alimentar a toda la población mundial, son 820 millones de personas que viven desnutridas sin saber si podrán comer algo. Por otro lado, más del 40% de los alimentos producidos se desperdician o descomponen, lo cual es una tremenda contradicción (FAO,2019).

Es ahí donde la alimentación, más que ser parte de una conmemoración simbólica anual, debe ser un despertar para cada uno de nosotros y de una vez por todas darle la importancia que merece. Alimentarse no es solo llenar el estómago para sobrevivir, es algo que va más allá. Nuestro cuerpo requiere alimentos que le sean de ayuda, no que le perjudiquen: requerimos recobrar lo que hemos perdido.

Sabemos que debemos preservar nuestro ambiente. Ya los supermercados no dan bolsas plásticas y el reciclaje se ha incentivado. Pero la conservación de nuestra cultura alimenticia sigue en peligro. Piense en las recetas que sus abuelos preparaban y que usted hoy en día no es capaz de replicar. ¿Acaso sus hijos las llegarán a conocer? Cuando dejamos de preparar nuestros alimentos, de una manera natural y casera, nuestra alimentación es poco a poco secuestrada por las opciones fáciles y prefabricadas, que son mucho menos saludables y hasta potencialmente peligrosas.

Esta última forma de alimentarse, mediante alimentos ultra procesados, los cuales han perdido muchos de sus nutrientes saludables como la fibra (la cáscara de los granos, por ejemplo, en las harinas blancas) y se vuelven altos en nutrientes peligrosos como las grasas, azúcar y sal, es en gran parte responsable de la mala nota de salud que tenemos. Además, el exceso de aditivos químicos, muchos de ellos cuestionados en su seguridad, es lo común. ¿Y por qué no hablar del uso de pesticidas? No por algo la agricultura orgánica y artesanal han tomado fuerza en las nuevas generaciones. Hoy en día, cada vez más personas exigen alimentos más seguros y naturales, sin el uso de sustancias peligrosas. Ya los cambios se están dando, pero aun falta mucho por avanzar.

En ese sentido, las cifras de salud no son para nada alentadoras. En Costa Rica las enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y la obesidad están minando la salud en general y no han hecho más que empeorar en los últimos 30 años. Por ejemplo, en nuestro país, cada día solo en cáncer se registran 35 diagnósticos y mueren 13 personas. Se sabe que gran parte de esto relaciona a una mala alimentación, carente de frutas y vegetales, baja en fibra y en sustancias protectoras. Por ejemplo, el mencionado chicasquil tiene propiedades anti cancerígenas.

Ante este reto, solo nos queda hacer conciencia y generar el cambio. Tal vez hacer un picadillo de chicasquil no sea tan difícil. Por qué entonces no atreverse a buscar nuevos alimentos, a dejar de comer lo mismo, a apoyar a nuestros agricultores al comprar lo que “ya nadie quiere comer”. Flor de itabo, guineo verde, picadillo de papaya verde: ¿cuántos de esos alimentos estamos consumiendo? Hasta nuestra tradicional olla de carne se ha vuelto una extraña en la dieta buena parte de los costarricenses.

Nutrirse no es solo comer para sobrevivir, es comer para estar bien, es comer para evitar enfermedades, comer para vivir más años y también es algo que debemos disfrutar. No se trata de no comer hamburguesas, sino que no dejemos de comer tantos otros alimentos que están ahí invisibilizados. Juntos, como lo dice la FAO, solo juntos, podremos llegar a un cambio real en la alimentación, donde el hambre y la malnutrición sea erradicada y donde el acto de nutrirse sea un hecho consciente, en pro de nuestra vida y de nuestra salud y del bienestar general del mundo en que vivimos.

Nota: el chicasquil es una planta nativa de Mesoamérica, rica en antioxidantes y con propiedades anticancerígenas, consumida por nuestros antepasados. Podría estar en algunos de nuestros patios sin darnos cuenta, pues parece una planta ornamental. Lo que se consumen son sus hojas color verde, generalmente cocinadas, casi siempre en picadillos, con un rico sabor característico levemente.

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